Volver al inicio

— Episodio 7 —

La Clase Mágicade la Señorita Luna

El Paso con Miedo

Una historia sobre la valentía

Portada del episodio 7: El Paso con Miedo

Capítulo 1 El niño de la risa fácil

En el colegio Los Almendros había un niño que sabía hacer reír a todo el mundo. Se llamaba Hugo, tenía pecas en las mejillas y una sonrisa que le ocupaba media cara.

En el recreo, Hugo era el rey de las bromas. Imitaba la voz del director, ponía caras de pez, inventaba historias de marcianos que venían a clase a aprender matemáticas. Sus amigos se reían tanto que les dolía la barriga.

Hugo hace reír a sus amigos en el patio del recreo; los niños ríen a carcajadas a su alrededor.
Pablo “¡Otra vez la del marciano, Hugo, porfa!”
Hugo “Bip, bip… vengo de Marte a copiar en el examen de mates…”

Todos se partían de risa, y Hugo se crecía. Cuando hacía reír a los demás se sentía valiente, grande, capaz de cualquier cosa.

Pero había algo que a Hugo no le salía. Una sola cosa: hablar en serio delante de todos. Cuando tenía que decir algo de verdad, sin bromas, se le hacía un nudo en la garganta y las palabras se le escondían.

Capítulo 2 El poema del viernes

Un lunes, la Señorita Luna entró en clase con una sonrisa y un papel en la mano.

La Señorita Luna entra en clase sonriendo, con un papel en la mano, ante sus alumnos sentados en los pupitres.
Señorita Luna “Esta semana vamos a hacer algo precioso. El viernes, cada uno leerá un poema en voz alta para toda la clase. El que más os guste, el que queráis.”

Casi todos aplaudieron, ilusionados. Martina, que ahora siempre compartía sus cosas, ya estaba pensando en cuál escoger.

Martina “¡Qué ilusión! Yo leeré uno sobre el mar. ¿Tú cuál vas a leer, Hugo?”

Pero Hugo se quedó quieto. No aplaudió. Notó cómo la espalda se le ponía húmeda y el nudo de la garganta volvía, más apretado que nunca.

Hugo, preocupado, se lleva la mano a la garganta en su pupitre mientras sus compañeros sonríen al fondo del aula.

«Hacer el tonto es fácil —pensó—. Pero leer en serio, con mi voz de verdad… ¿Y si me tiembla? ¿Y si se ríen de mí?»

Capítulo 3 La barriga que no dolía

El jueves por la mañana, Hugo no quería ir al colegio de ninguna manera.

Hugo “Mamá… me duele la barriga.”
La madre de Hugo le toca la frente mientras él, tumbado en la cama con el edredón, dice que le duele la barriga.

Su madre le tocó la frente. No tenía fiebre. Lo miró un momento, despacio, y al final lo dejó quedarse en casa.

Pero en la cama, Hugo no se sentía enfermo. Se sentía raro. La barriga no le dolía de verdad: le dolía el miedo.

Hugo, solo en su cama, mira el techo con gesto pensativo: no está enfermo, le pesa el miedo.

Y mientras miraba el techo, un pensamiento le dio un vuelco: «Mañana es viernes. No puedo faltar otra vez.» El nudo seguía ahí, esperándolo.

Capítulo 4 El banco con Luna

El viernes, antes de empezar, Hugo llegó al patio arrastrando los pies y se sentó en el banco de madera, bajo el almendro. La Señorita Luna lo vio y se sentó a su lado, sin prisa.

Señorita Luna “¿Qué pasa, Hugo?”
Hugo y la Señorita Luna conversan sentados en el banco de madera, bajo el almendro del patio.
Hugo “Se van a reír de mí. Cuando hago el tonto se ríen y está bien, porque yo quiero. Pero si leo en serio y me sale mal… se reirán de verdad.”

La Señorita Luna no se rió, ni le dijo que no pasaba nada. Se quedó pensando un momento, mirando el almendro.

Señorita Luna “¿Sabes una cosa, Hugo? Mucha gente cree que los valientes no tienen miedo nunca. No es verdad. Ser valiente no es no tener miedo. Es leer aunque te tiemble la voz. Es dar el paso aunque las piernas te digan que no. El miedo va a venir contigo… pero tú puedes leer igual.”
La Señorita Luna, con la mano en el hombro de Hugo, le explica con cariño que ser valiente no es no tener miedo.

Hugo la miró. Por primera vez, alguien le decía que temblar estaba permitido.

Capítulo 5 La voz que tembló y siguió

Llegó el momento. Uno a uno, sus compañeros fueron leyendo: Clara, con su poema de estrellas; Pablo, que esperó su turno sin adelantarse; Wei, con una sonrisa enorme.

Entonces le tocó a Hugo. Se levantó. El papel le bailaba en las manos y bajó los ojos al suelo.

Señorita Luna “Mira a un amigo, Hugo.”

Hugo levantó la vista y buscó a Tomás, que ahora levantaba la mano antes de hablar. Tomás le hizo un gesto con la cabeza, como diciendo «tú puedes». Wei le sonrió.

En clase, Hugo de pie sostiene su papel mientras sus compañeros lo animan desde los pupitres.

Hugo respiró hondo y empezó a leer. En la primera línea, la voz le tembló como una hoja en el viento. En la segunda, tembló un poquito menos. En la tercera, casi nada. Y siguió.

Primer plano de Hugo leyendo su poema en voz alta, sujetando el papel con las manos temblorosas.

Cuando terminó, hubo un silencio cortito… y después la clase entera aplaudió. Nadie se rió.

Hugo termina de leer y toda la clase lo aplaude con grandes sonrisas desde los pupitres.

Capítulo 6 El truco de los valientes

Hugo volvió a su sitio con las mejillas coloradas y el corazón a mil por hora.

Martina “Has sido muy valiente, Hugo.”
Hugo “¿Valiente? ¡Si he temblado todo el rato!”

La Señorita Luna se acercó, sonriendo.

Señorita Luna “Los valientes también tiemblan, Hugo. Por eso son valientes. El que no siente nada de miedo no necesita valor. Tú sí lo has necesitado… y lo has tenido.”
Martina y la Señorita Luna felicitan a Hugo en su pupitre por haber sido valiente.

Hugo sonrió. Pero esta vez no era la sonrisa de hacer reír. Era otra, más pequeña y más suya. Había descubierto el truco de los valientes: no era no temblar. Era seguir leyendo aunque temblaras.

❦ FIN ❦

🌟 Lo que este cuento nos enseña 🌟

Tener miedo no es ser cobarde. Todos sentimos miedo alguna vez.

Los valientes no son los que no tiemblan, sino los que dan el paso aunque tiemblen.

La voz puede temblar en la primera línea y sostenerse en la segunda.

Y al otro lado del miedo, muchas veces, hay unos aplausos esperando.

«Ser valiente es dar el paso aunque tiembles.»

📚 Vocabulario — Episodio 7

aplaudir
Dar palmadas con las manos para felicitar o animar a alguien.
arrastrar
Llevar algo por el suelo sin levantarlo del todo; arrastrar los pies es andar sin ganas rozando el suelo.
cobarde
Persona que siente tanto miedo que no se atreve a hacer las cosas.
hondo
Que llega muy adentro. Respirar hondo es tomar mucho aire despacio para calmarse.
imitar
Copiar la voz o los gestos de alguien para que parezca esa persona.
nudo
Aquí significa esa sensación apretada en la garganta que aparece cuando estás muy nervioso y no te salen las palabras.
poema
Un escrito bonito, hecho con palabras elegidas que suenan bien juntas y a veces riman.
sostener
Aguantar algo para que no se caiga; aquí, mantener la voz firme sin que se apague.
temblar
Moverse un poquito sin querer, por miedo, frío o nervios.
valentía
La fuerza para hacer algo que da miedo, atreviéndose aunque el cuerpo tiemble.