— Episodio 8 —
La Clase Mágica de la Señorita Luna
Un Sitio a tu Lado
Una historia sobre incluir
Capítulo 1 El niño nuevo
En el colegio Los Almendros, Mei era la que se daba cuenta de las cosas. No hablaba mucho, pero sus ojos lo veían todo: quién estaba contento, quién tenía un mal día, quién se quedaba un poquito atrás.
Aquel lunes por la mañana, la Señorita Luna entró en clase con un niño que nadie conocía.
Samuel saludó muy bajito, casi sin voz. Abrazaba su mochila como si fuera un salvavidas.
Buscó un sitio y se sentó en la última fila, junto a la ventana. Mei lo miró desde su mesa y se fijó en que Samuel no soltaba la mochila en toda la mañana.
Capítulo 2 El banco solo
A la hora del recreo, el patio se llenó de carreras y de risas. Clara y Mei sacaron la comba. Wei perseguía su pelota por todas partes.
Samuel no corría. Se sentó solo en el banco de debajo del almendro y se quedó mirando el suelo, como si contara las piedrecitas.
Pasó un rato. Pasó otro. Y nadie se acercó al banco.
Mei lo veía desde la comba. Veía a Samuel pequeñito en aquel banco tan grande, con el sitio de al lado vacío.
Capítulo 3 La voz de las amigas
Mei agarró la comba. Pero antes de saltar, miró otra vez hacia el banco. Samuel seguía allí, solito.
Miró la comba. Miró el banco. La comba. El banco.
Al final saltó. Saltó bien, sin engancharse ni una vez. Sus amigas la animaban. Pero por dentro, Mei no disfrutó el salto.
«Su sitio está tan vacío.» El pensamiento se le quedó pegado como una pelusa en el jersey.
Capítulo 4 La tarde que no se le va
Esa tarde, en la cocina de su casa, Mei no podía dejar de pensar en Samuel. Su madre exprimía naranjas para la merienda.
Su madre dejó el vaso de zumo delante de ella y se sentó a su lado.
Mei le contó lo del banco, lo de la comba y lo del sitio vacío.
Mei se quedó mirando el zumo. Y entendió que a veces no hacer nada también deja un huequito por dentro. Pensó en Hugo, que había aprendido que ser valiente es dar el paso aunque tiemblen las piernas.
Capítulo 5 El bocadillo compartido
El martes, en el recreo, Mei no sacó la comba.
Cogió su bocadillo, respiró hondo y caminó hasta el banco del almendro. Le temblaban un poquito las piernas, igual que a Hugo.
Se sentó al lado de Samuel.
Samuel levantó la cabeza, sorprendido, como si no esperara que nadie fuera a sentarse a su lado. Miró el bocadillo. Miró a Mei. Y sonrió por primera vez en dos días.
Comieron juntos, despacio, mirando cómo Wei perseguía su pelota. Samuel ya no abrazaba la mochila.
Capítulo 6 El banco lleno
Al rato, Wei llegó botando su pelota.
Y se sentó. Luego llegó Clara, con la comba al hombro. Y, sin darse cuenta, el banco que antes estaba tan vacío se llenó de codos, de risas y de migas de bocadillo.
Samuel se reía. Se reía de verdad.
Desde la ventana de la clase, la Señorita Luna los miraba y sonreía.
❦ FIN ❦
🌟 Lo que este cuento nos enseña 🌟
No hace falta hacer algo enorme para ayudar a alguien.
A veces basta con mirar quién se ha quedado solo.
Y hacerle un hueco a tu lado.
Incluir es un gesto pequeño con un poder muy grande.
«Un sitio a tu lado puede cambiarle el día a alguien.»
📚 Vocabulario — Episodio 8
- animar
- Dar fuerzas y alegría a alguien para que no se rinda.
- comba
- Cuerda larga que se hace girar para saltar por encima; también el juego de saltarla entre varios.
- exprimir
- Apretar una fruta para sacarle todo el zumo.
- fijarse
- Mirar con mucha atención para notar los detalles.
- gesto
- Un movimiento de la cara o del cuerpo, o una pequeña acción, que dice algo a los demás.
- hondo
- Profundo. Respirar hondo es coger mucho aire despacio.
- incluir
- Hacer un sitio a alguien en un grupo para que no se quede fuera.
- presentar
- Decir quién es alguien para que los demás lo conozcan.
- salvavidas
- Flotador que te sujeta en el agua. Abrazar algo como un salvavidas es agarrarlo fuerte para sentirse seguro.
- temblar
- Moverse sin querer, con movimientos pequeños y rápidos, por frío, por miedo o por nervios.