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— Episodio 6 —

La Clase Mágicade la Señorita Luna

La Verdad Pesa Menos

Una historia sobre la honestidad

Portada del episodio 6: La Verdad Pesa Menos

Capítulo 1 La niña de las manos cuidadosas

En el colegio Los Almendros, Clara era siempre la primera en llegar. Subía las sillas que estaban del revés, abría las ventanas para que entrara el olor a naranjo y regaba la planta de la Señorita Luna con un vasito azul.

Clara riega con un vasito azul la planta de la Señorita Luna sobre el alféizar del aula soleada.

Esa planta vivía en una maceta de barro pintada a mano, con florecitas amarillas y una grieta antigua que parecía una sonrisa. Era la maceta favorita de la Señorita Luna.

Poco a poco, el aula se iba llenando de voces y mochilas. Todos llamaban a Clara «la responsable». Y a ella le gustaba. Le gustaba cómo sonaba, como un abrigo calentito que se ponía cada mañana.

Hugo "Clara, ¿me guardas el sitio? ¡Eres la más responsable de toda la clase!”
Martina "¿Me ayudas a colocar los cuentos en la estantería? Tú siempre lo dejas todo perfecto.”

Clara fue repartiendo las libretas una a una, con cuidado. Tomás, que ahora levantaba la mano antes de hablar, le hizo sitio para que pasara.

Tomás "Cuando seas mayor podrías cuidar un jardín entero, Clara.”

Clara sonreía y se colocaba bien las gafas redondas. Cuidar de las cosas le hacía sentir grande.

Capítulo 2 Un golpe pequeño

Un lunes por la mañana, antes de la fila, Clara vio su lápiz favorito al otro lado del aula. Echó a correr para cogerlo.

Su mochila rozó la mesa de la ventana. Solo fue un roce, pequeño como el aleteo de una mariposa. Pero la maceta de barro se movió, dudó un instante en el borde… y cayó.

¡Cras!

Clara, asustada y con la regadera en la mano, mira la maceta de barro rota y la plantita esparcida por el suelo del aula.

Se rompió en tres trozos. La tierra se esparció por el suelo como un secreto oscuro. La plantita quedó tumbada, con las raíces al aire.

A Clara se le heló el vaso azul entre las manos. Miró a un lado. Miró al otro. El aula estaba vacía. Nadie la había visto.

Clara esconde con el pie la tierra debajo del radiador mientras mira hacia atrás con gesto de culpa.

Y entonces hizo algo muy rápido: empujó la tierra debajo del radiador con el pie y se sentó en su sitio, con el corazón latiendo como un tambor pequeño.

Capítulo 3 Las palabras que no quería decir

Sonó el timbre. Entraron los niños y, detrás, la Señorita Luna. Al ver los trozos de barro en el suelo, se detuvo. No gritó. Solo se quedó muy quieta, como el cielo antes de la lluvia.

Señorita Luna "¿Qué ha pasado aquí?”

El aula se llenó de murmullos. Los niños se miraban unos a otros, buscando una respuesta que nadie tenía.

Mei "Esta mañana estaba en la ventana. La he visto al entrar.”
Wei "Yo acabo de llegar, Señorita. No he sido.”

Clara notó la cara caliente, como si tuviera dos soles en las mejillas. Las palabras le salieron solas, rápidas, antes de que pudiera pensarlas:

Clara "Yo no he sido.”

Hugo, que se sentaba junto a la ventana, se puso colorado sin saber por qué.

Hugo "¡Yo tampoco! Yo solo he dejado aquí la mochila…”
La Señorita Luna se detiene en la puerta del aula al ver los trozos de la maceta en el suelo, con toda la clase sentada en sus pupitres.

Algunos ojos se volvieron hacia Hugo. La Señorita Luna no señaló a nadie. Recogió los trozos despacio y los guardó en una caja, como quien guarda algo que todavía tiene arreglo.

Señorita Luna "Tranquilos. A veces las cosas se rompen, y no pasa nada. Solo me gustaría saber qué ocurrió, para poder arreglarlo.”

Clara miró su pupitre. Por dentro, algo pequeño y frío acababa de empezar a pesar.

Hugo se pone colorado junto a la ventana mientras Clara, en primer plano, baja la mirada preocupada.

Capítulo 4 La noche larga

Esa noche, en su cama, Clara no podía dormir.

Pensaba en la maceta de las florecitas amarillas. Pensaba en la Señorita Luna y su silencio. Y, sobre todo, pensaba en Hugo, colorado junto a la ventana, recibiendo una mirada que no era suya.

Clara, despierta en su cama por la noche, mira preocupada mientras la luna asoma sonriente por la ventana estrellada.

Daba vueltas y vueltas. La almohada se le hacía dura. La manta le pesaba demasiado.

«La maceta era de barro y ligera», pensó.

«Entonces, ¿por qué siento que llevo una piedra enorme dentro del pecho?».

Y lo entendió: no era la maceta lo que pesaba. Era la mentira. La mentira había crecido en la oscuridad, como una sombra que se hace más grande cuanto más la escondes.

Capítulo 5 El paso en el pasillo

A la mañana siguiente, Clara llegó al colegio antes que nadie. Más temprano que nunca.

Encontró a la Señorita Luna en el pasillo, regando las otras plantas con su regadera verde. Clara se acercó despacio. Las piernas le temblaban un poquito.

Clara "Señorita… fui yo. Rompí la maceta. Me dio miedo decirlo.”

La Señorita Luna dejó la regadera en el suelo. Se arrodilló para mirarla a los ojos y le tomó las dos manos.

Señorita Luna "Clara, gracias por volver a decir la verdad. Sé que ha sido difícil. ¿Sabes? Todos rompemos cosas alguna vez; eso no se puede evitar. Pero contar la verdad, aunque dé miedo, es de las cosas más valientes que se pueden hacer.”

Clara respiró hondo. Y entonces notó algo extraño y maravilloso: la piedra del pecho se había vuelto ligera, ligera como una pluma. Era alivio. Era como abrir una ventana por dentro.

La Señorita Luna, arrodillada en el pasillo del colegio, toma las dos manos de Clara para escucharla con cariño.

En ese momento, por el pasillo empezaron a llegar los primeros compañeros, con sus mochilas y sus voces de la mañana. Al ver a Clara con los ojos brillantes, se acercaron despacio.

Martina "¿Estás bien, Clara? ¿Te doy un abrazo?”
Hugo "¡Claro que sí! Y si necesitas algo, aquí estamos todos.”
Wei "Lo que sea, Clara. Para eso somos amigos.”

Clara todavía no les había contado lo que había pasado. Pero sintió que, dijera lo que dijera, aquellas manos no se iban a soltar. Y eso le dio la última pizca de valor que le faltaba.

Capítulo 6 La maceta nueva

La Señorita Luna trajo los tres trozos de barro, un pincel y un pegamento dorado.

Señorita Luna "Vamos a arreglarla juntas. Pero no vamos a esconder las grietas. Las vamos a pintar de dorado.”
Clara y la Señorita Luna reparan juntas la maceta sobre una mesa, uniendo los trozos con pegamento dorado.

Clara y la Señorita Luna unieron los trozos con mucho cuidado. Por donde antes había roturas, ahora brillaban tres líneas doradas, como rayitos de sol.

Cuando ya estaban todos en el aula, los niños se acercaron a mirar y abrieron mucho los ojos.

Wei "¡Mirad! Ahora la maceta tiene rayos de sol.”
Mei "Es más bonita que antes. Brilla justo por donde estaba rota.”

Entonces Clara hizo otra cosa valiente. Respiró hondo y se acercó a Hugo, delante de todos.

Clara "Hugo, ayer fui yo quien rompió la maceta. Perdona si pensaron que habías sido tú.”
Clara pide perdón a Hugo delante de la clase, con la maceta reparada brillando sobre el alféizar de la ventana.
Hugo "¡No pasa nada! Lo importante es que ya se sabe.”
Tomás "Hay que ser muy valiente para decir eso delante de toda la clase.”
Martina "Sigues siendo la más responsable, Clara. Ahora todavía más.”

La Señorita Luna colocó la maceta en la ventana, donde le daba la luz de la mañana, y reunió a toda la clase a su alrededor.

Señorita Luna "Así está más bonita. Ahora tiene historia. Las cosas que se reparan con verdad guardan una luz que antes no tenían.”

Y la plantita, de nuevo en su tierra, estiró sus hojitas hacia el sol, como si también ella respirara aliviada.

❦ FIN ❦

La maceta reparada, con sus grietas doradas brillando al sol, luce sobre el alféizar junto a la ventana y el naranjo.

🌟 Lo que este cuento nos enseña 🌟

Todos rompemos cosas alguna vez. Eso no nos hace malos.

Lo que de verdad pesa no es el error, sino esconderlo.

La verdad, aunque dé miedo, siempre deja el pecho más ligero.

Y lo que se repara con sinceridad guarda una luz nueva.

«La verdad pesa menos que la mentira.»

📚 Vocabulario — Episodio 6

alivio
La sensación agradable de descanso que sientes cuando desaparece una preocupación o un peso que llevabas dentro.
barro
Mezcla de tierra y agua que, una vez seca y cocida, sirve para hacer macetas, platos y vasijas.
esparcir
Extender o repartir cosas por muchos sitios, de manera que queden separadas unas de otras.
frágil
Que se rompe o se estropea con facilidad y hay que tratarlo con mucho cuidado.
latir
Moverse el corazón con golpecitos seguidos. Cuando nos asustamos, el corazón late más deprisa.
radiador
Aparato que da calor a una habitación, colocado normalmente junto a la pared.
remordimiento
La sensación incómoda que notas por dentro cuando sabes que has hecho algo que no estaba bien.
reparar
Arreglar algo que se ha roto o estropeado para que vuelva a servir.
responsable
Persona en la que se puede confiar porque cuida de las cosas y cumple con lo que debe hacer.
valentía
La fuerza que nos ayuda a hacer algo difícil aunque sintamos miedo.