— Episodio 9 —
La Clase Mágica de la Señorita Luna
El Enfado Avisa
Una historia sobre manejar el enfado
Capítulo 1 El equipo rojo
En el colegio Los Almendros, cuando sonaba el timbre del recreo, Wei era siempre el primero en salir corriendo al patio. Debajo del brazo llevaba su tesoro: una pelota de fútbol un poco gastada, pero, para él, la mejor pelota del mundo.
A Wei le encantaba el fútbol más que ninguna otra cosa. Cada día formaba su equipo, el equipo rojo, y jugaban partidos larguísimos hasta que la Señorita Luna los llamaba para volver a clase.
Y casi siempre era verdad. Wei corría como el viento y regateaba a todos con la pelota pegada al pie. Pero había una cosa que a Wei no le gustaba nada, pero nada de nada: perder.
Capítulo 2 Dos goles en contra
Aquel jueves tocó un partido especial. En el otro equipo estaba Pablo, que corría casi tanto como Wei y que ese día parecía llevar las zapatillas puestas para volar.
El partido empezó bien. Pero, de repente, Pablo cogió la pelota, esquivó a dos niños y ¡zas!, la mandó al fondo de la portería. Gol del otro equipo.
Lo dijo con voz fuerte, pero por dentro ya no estaba tan tranquilo. Y al ratito, Pablo volvió a colarse entre todos y metió otro gol. Dos a cero.
Wei notó algo raro: una cosa caliente que le subía por el pecho, como cuando se calienta la leche y sube la espuma. El corazón le latía muy fuerte. Sin darse cuenta, apretó los puños.
Capítulo 3 La pelota que voló lejos
Volvieron a sacar. Wei quería la pelota para él solo; corría de un lado a otro, pero no había manera. Y entonces pasó: Pablo recibió el balón y metió el tercer gol.
Tres a cero. La cosa caliente del pecho de Wei estalló como un globo demasiado hinchado. La rabia le llenó las orejas de un ruido que no lo dejaba pensar.
Pero no había sido falta. Pablo no había hecho nada malo. Wei agarró la pelota con las dos manos y la lanzó con todas sus fuerzas contra la pared del patio.
La pelota rebotó lejísimos. Todos se quedaron callados de golpe. Wei sintió la cara ardiendo y, sin decir nada más, salió corriendo hacia el rincón más apartado del patio.
Capítulo 4 El banco bajo el árbol
Al fondo del patio, debajo del almendro, había un banco viejo de madera. Wei se sentó allí, con los brazos cruzados y el ceño fruncido. Todavía le latía fuerte el corazón.
La Señorita Luna llegó despacio. No lo riñó. No le preguntó nada. Solo se sentó a su lado, en silencio, y esperó.
Pasó un rato largo. El enfado de Wei fue bajando poquito a poco, como el agua de una olla cuando deja de hervir. Entonces la Señorita Luna habló, con voz suave:
Wei la miró sin entenderlo del todo.
Capítulo 5 Las palabras que arreglan
Wei respiró hondo. Miró la pelota, que seguía parada junto a la pared. Miró a Pablo, que esperaba a lo lejos sin saber qué hacer.
La Señorita Luna asintió.
Wei se quedó pensando. Tenía razón. Se levantó del banco, cruzó el patio despacio y se acercó a Pablo.
Pablo lo miró, sonrió y le dio un toque suave a la pelota con el pie para pasársela.
Capítulo 6 El truco del timbre
Cuando volvieron a clase, la Señorita Luna les contó a todos el truco del timbre.
Toda la clase lo probó. Cogieron aire una vez, dos veces, tres veces. Diego se rió porque decía que respirar tan hondo le hacía cosquillas. Hasta Tomás, que hacía tiempo había aprendido a tratar bien a los demás, dijo que ese truco le gustaba mucho.
Wei practicó el suyo con mucho cuidado. Uno… dos… tres. Y notó que, por dentro, todo se quedaba tranquilo, como el patio cuando termina el recreo.
Al día siguiente, el equipo rojo volvió a perder un partido. Y, por primera vez, en lugar de estallar, Wei sonrió. Una sonrisa pequeñita, pero de verdad.
Y los dos se marcharon juntos, botando la pelota, mientras la Señorita Luna los miraba desde la ventana y sonreía.
❦ FIN ❦
🌟 Lo que este cuento nos enseña 🌟
El enfado no es malo: es un aviso de que algo nos importa.
Suena muy fuerte por dentro, como un timbre, pero solo avisa.
No tenemos que hacer lo primero que nos pide la rabia.
Podemos parar, respirar tres veces y luego decidir.
«El enfado avisa, no manda.»
📚 Vocabulario — Episodio 9
- esquivar
- Moverse rápido para que algo o alguien no te alcance o para pasar sin chocar.
- estallar
- Reventar de golpe y con mucha fuerza, como un globo demasiado hinchado.
- fruncir
- Arrugar la frente y las cejas, algo que hacemos cuando estamos enfadados o preocupados.
- hervir
- Ponerse el agua tan caliente que hace burbujas y sube el vapor.
- portería
- Marco formado por dos palos, un larguero y una red, donde hay que meter la pelota para marcar un gol.
- rabia
- Un enfado muy grande y muy fuerte que llena todo el cuerpo por dentro.
- rebotar
- Salir despedido de un salto al chocar contra algo duro, como la pelota contra una pared.
- regatear
- Esquivar a los rivales con la pelota en el pie para que no te la quiten.
- remontar
- Ir perdiendo en un partido y conseguir darle la vuelta hasta ganar.
- timbre
- Aparato que suena fuerte para avisar de algo, como el del recreo o el de una puerta.