— Episodio 1 —
La Clase Mágicade la Señorita Luna
Una sonrisa, veinte cartas
Una historia sobre compartir y generosidad
Capítulo 1 El colegio de los Almendros.
En un pueblo rodeado de naranjos y huertos, había un colegio pequeñito llamado Los Almendros. Tenía las paredes pintadas de colores alegres, un patio enorme con un árbol centenario y, sobre todo, tenía a la mejor profesora del mundo: la Señorita Luna.
La Señorita Luna no era una profesora cualquiera. Cada mañana llegaba con una sonrisa tan grande que parecía que traía el sol en el bolsillo. Sabía contar historias que hacían que los niños
sintieran que viajaban a otros planetas, y cuando explicaba matemáticas, los números parecían bailar en la pizarra.
En su clase había veinte niños y niñas. Todos la querían mucho... todos menos uno.
Se llamaba Tomás.
Capítulo 2 Tomás, el ruidoso
Tomás no era un niño malo. Era divertido, listo y tenía una imaginación increíble. Pero tenía un problema: no respetaba a la Señorita Luna.
Cuando ella explicaba algo, Tomás hablaba por encima. Cuando pedía silencio, él hacía ruidos raros con la boca.
Cuando ella se esforzaba en preparar una actividad especial, él decía:
Los demás compañeros se miraban incómodos. Su amiga Clara le susurró un día:
Pero Tomás se encogió de hombros.
Tiene que aguantarnos, para eso le pagan.”
Capítulo 3 El día que la música paró
Un lunes por la mañana, algo extraño ocurrió. Cuando los niños llegaron al aula, la Señorita Luna no estaba allí. En su lugar había un profesor sustituto: el Señor Piedra.
El Señor Piedra era exactamente como su nombre: frío, duro y gris. No sonreía. No contaba historias. No hacía que los números bailaran. Solo escribía en la pizarra y decía:
Los días sin la Señorita Luna fueron grises y largos. No había risas, ni experimentos, ni cuentos a última hora. Clara echó de menos las canciones que la Señorita Luna cantaba cuando hacía buen tiempo. Hugo echó de menos sus palabras de ánimo antes de los exámenes. Y Tomás...
Tomás descubrió que también la echaba de menos.
Una tarde, mientras volvía a casa, le preguntó a su madre:
Tomás sintió algo raro en el pecho. Como si una piedrecita pequeña se le hubiera quedado atascada justo en el corazón.
Capítulo 4 La carta
Esa noche, Tomás no podía dormir. Daba vueltas en la cama pensando en todas las veces que había interrumpido a la Señorita Luna, en todas las veces que se había burlado de sus actividades, en todas las veces que no la había escuchado.
Entonces, tuvo una idea. Se levantó, encendió la lamparita de su escritorio, cogió un folio y sus lápices de colores, y empezó a escribir:
Querida Señorita Luna:
Siento mucho no haberla tratado bien.
Usted es la mejor profesora que he tenido. Ahora sé que enseñar no es solo un trabajo: es un regalo que usted nos da cada día.
Por favor, vuelva. Prometo escucharla, respetarla y ser el mejor alumno que pueda.
Con cariño, Tomás
Al día siguiente, Tomás le pidió a su madre que llevara la carta al colegio. Pero no fue solo él. Clara escribió otra carta. Y Hugo. Y Lucía. Y pronto, los veinte niños de la clase habían escrito cartas llenas de dibujos, corazones y palabras bonitas.
Capítulo 5 El regreso
El jueves por la mañana, cuando los niños entraron al aula, allí estaba ella. La Señorita Luna, con su sonrisa de siempre pero con los ojos un poquito brillantes, como si hubiera estado llorando de emoción.
Sobre su mesa había veinte cartas desplegadas.
Hizo una pausa y los miró a todos, uno por uno.
Tomás levantó la mano. Era la primera vez que lo hacía correctamente, esperando su turno.
La Señorita Luna sonrió, se acercó a Tomás y le dijo algo que él nunca olvidaría:
Capítulo 6 La clase mágica
Desde aquel día, algo cambió en el aula de Los Almendros. Tomás empezó a levantar la mano, a escuchar con atención y a decir «gracias» al final de cada clase. Y descubrió algo increíble: cuando respetaba a la Señorita Luna, aprender era mucho más divertido.
Las historias eran más emocionantes cuando las escuchaba de verdad. Los experimentos eran más alucinantes cuando prestaba atención. Y las matemáticas... bueno, las matemáticas seguían siendo un poco difíciles, pero hasta eso mejoró.
Y así, la clase de la Señorita Luna se convirtió en lo que siempre había querido ser: un lugar mágico donde cada niño se sentía querido, cada pregunta era bienvenida y cada «buenos días» se decía con una sonrisa.
❦ FIN ❦
🌟 Lo que este cuento nos enseña 🌟
Los profesores dedican su vida a enseñarnos, a cuidarnos y a ayudarnos a crecer.
Respetar a un profesor es decirle con nuestras acciones:
«Gracias por estar aquí. Lo que haces importa mucho»
📚 Vocabulario — Episodio 1
- alucinante
- Algo tan sorprendente y bonito que casi no te lo crees.
- ánimo
- Las palabras o los gestos que te dan fuerza para seguir cuando algo es difícil.
- centenario
- Que tiene cien años o más. Se dice sobre todo de los árboles muy antiguos.
- desplegadas
- Que están abiertas y extendidas para que se puedan ver bien. Como cuando abres un mapa.
- esforzarse
- Poner mucho empeño y muchas ganas para conseguir algo, aunque sea difícil.
- huerto
- Un trozo de tierra donde se cultivan verduras, frutas y plantas para comer.
- interrumpir
- Cortar a alguien cuando está hablando o haciendo algo, sin esperar a que termine.
- respetar
- Tratar a las personas con cariño y darles la importancia que merecen.
- sustituto
- Persona que ocupa el sitio de otra durante un tiempo. Como un profesor que viene cuando el de siempre no puede.
- valorar
- Darse cuenta de lo bueno que tiene una persona o una cosa, y agradecerlo.